La destrucción de la reserva forestal dominicana es un acto de lexa humanidad, que no debe tolerarse, porque los daños al ecosistema son irreparables e irreversibles..
En fecha reciente, pese a la radical oposición de los compueblanos de la Cordillera Septentrional, en los alrededores del Pico Diego de Ocampo, en la provincia de Santiago, se derrivaba parte de la misma, por asuntos de "negocios".
La familia Toribio, presunta propietaria del área afectada, permitió la explotación de la loma a una firma de ingenieros, con el alegado pretexto de extraer material de mina, (arena, graba, etc.).
A los contratistas y los dueños de la tierra no les importó el gran daño que hacían a ese pulmón forestal, próximo al Santiago viejo.
El Estado Dominicano debe evitar el "ecocidio", a toda costa, como se evidenció recientemente con la loma de Miranda.
Las tres fotografías que aparecen en esta crónica, captadas esta semana por el lente de geovision31, son más que elocuentes del daño que se produce al medio ambiente.

