Washington,
7 nov (EFE).- Barack Obama obtuvo hoy del pueblo estadounidense los
cuatro años más que pedía para poder cumplir desde la Casa Blanca su
promesa de reconstruir los fundamentos de la economía de EE.UU. y el
bienestar de su clase media.
El veredicto de las urnas ha sido para él
más benigno de lo que se preveía, porque al final el presidente se
impuso a su rival, el republicano Mitt Romney, con holgura, prueba de
que su capital de carisma no está ni mucho menos agotado.
Aunque en el voto popular la diferencia no ha sido
muy grande, de apenas dos puntos (50 % frente a 48 %), el presidente ha
conseguido imponerse en casi todos los estados en disputa: Ohio,
Virginia, Iowa, Colorado, Nevada, Pensilvania, Michigan, Nuevo Hampshire
y también Florida.
La diferencia con Romney en votos electorales es
hasta el momento, 303 frente a 206, superior a la prevista, pero mucho
más exigua de la que le llevó en 2008 a la Casa Blanca en su duelo
contra John McCain (365-173).
"Vuelvo a la Casa Blanca más decidido y
determinado que nunca sobre el camino a seguir", dijo Obama a la
multitud que lo ovacionó en Chicago durante su discurso de la victoria,
en el que desgranó sus prioridades para el segundo mandato: la reducción
del déficit, el avance tecnológico, la educación, la reforma
migratoria, y la presencia en la escena mundial.
La mayoría de los observadores coincide hoy, sin
embargo, en que el riesgo de que persista el bloqueo político en
Washington es tan grande o más que antes.
Los estadounidenses han respaldado al presidente
otorgándole un segundo mandato, pero no han colocado a su partido en
posición de controlar el Congreso, con el que ha estado en disputa casi
permanente durante la segunda mitad de su mandato.
Después de una campaña electoral de las más duras
que se recuerdan en EE.UU., en la que los republicanos llegaron a creer
realmente que podrían desbancar a Obama del poder, el clima no va a ser
nada propicio para el bipartidismo.
Según todas las proyecciones, el Congreso seguirá
dividido, con la Cámara baja dominada por los republicanos y el Senado
por los demócratas.
En su breve discurso de aceptación de la derrota,
Romney se declaró esta madrugada "preocupado por Estados Unidos", porque
"la nación se encuentra en un punto crítico".
"En estos tiempos de difíciles desafíos para
nuestro país, rezaré -añadió el candidato derrotado- porque el
presidente Barack Obama tenga éxito como líder del país", una manera de
augurarle grandes dificultades.
Y los desafíos económicos que quedan por delante no van a dar mucho respiro.
Estados Unidos se enfrenta a una auténtica
hecatombe presupuestaria, si antes de finales de año demócratas y
republicanos no se ponen de acuerdo sobre un plan equilibrado para la
reducción del déficit público.
En ausencia de un acuerdo, entrarán en vigor una
serie de recortes automáticos del gasto que coincidirán con la extinción
de las reducciones impositivas adoptadas en los años de George W. Bush.
El efecto combinado de esas dos medidas puede
precipitar a la primera economía del mundo en una nueva recesión, según
advierten todos los observadores y organismos internacionales.
Una gran responsabilidad recae ahora también sobre
el Partido Republicano, que tendrá que analizar cuidadosamente las
razones de la derrota de su candidato.
Para ganar la designación republicana, Romney,
quien no contó nunca con la simpatía del Tea Party, tuvo durante meses
que exagerar su conservadurismo y, una vez proclamado candidato, su
vertiginoso giro al centro resultó demasiado sospechoso para muchos.
Pero al margen de las contorsiones o la supuesta
frialdad de su candidato, los republicanos tendrán que revisar a fondo
la idoneidad de su programa, si quieren ganar en el futuro apoyos clave
entre las minorías, especialmente la hispana, entre las mujeres y los
jóvenes, que nuevamente fueron determinantes para la victoria.
Autor: José Manuel Sanz

