Dios instituye los presidentes de los Estados por mecanismos electorales, conforme a la Democracia dominicana.
Acontece, que la República Dominicana escogió a Leonel Fernández, un hombre de pueblo, pero que se cultivó culturalmente.
En el Estado, Fernández ha demostrado capacidad de dirección, hecho indudable, y a juzgar por sus ejecutorias exitosas, la sabiduría dado por Dios, ha estado presente.
Es un hombre de demostrada sapiencia, que la historia ha de colocarlo entre los grandes líderes dominicanos.
La sabiduría del Presidente debe ser usada ahora para mejor gobernar a sus conciudadanos y de hacerlo en este cuatrenio por terminar, se casaría con la gloria terrenal.
De hecho, ya tiene sus incuestionables laudes. No obstante, el balance de este gobierno merece ser encumbrado, para que dominicanos y dominicanos reciban los frutos de su gestión.
Porque a la postre, los buenos y mejores presidentes son aquellos cuyo destino está encaminado a gobernar en beneficio de las grandes mayorías nacionales.
En definitiva, el pueblo pasará balance justo o no, sobre el curso de los acontecimientos, donde se evidencia claramente la marcha de esa sabiduría del Presidente.
Acontece, que la República Dominicana escogió a Leonel Fernández, un hombre de pueblo, pero que se cultivó culturalmente.
En el Estado, Fernández ha demostrado capacidad de dirección, hecho indudable, y a juzgar por sus ejecutorias exitosas, la sabiduría dado por Dios, ha estado presente.
Es un hombre de demostrada sapiencia, que la historia ha de colocarlo entre los grandes líderes dominicanos.
La sabiduría del Presidente debe ser usada ahora para mejor gobernar a sus conciudadanos y de hacerlo en este cuatrenio por terminar, se casaría con la gloria terrenal.
De hecho, ya tiene sus incuestionables laudes. No obstante, el balance de este gobierno merece ser encumbrado, para que dominicanos y dominicanos reciban los frutos de su gestión.
Porque a la postre, los buenos y mejores presidentes son aquellos cuyo destino está encaminado a gobernar en beneficio de las grandes mayorías nacionales.
En definitiva, el pueblo pasará balance justo o no, sobre el curso de los acontecimientos, donde se evidencia claramente la marcha de esa sabiduría del Presidente.


