Editorial
Margarita se desplomó con los vientos fuertes que soplaban, sus pétados quedaron al vaivén del tiempo.
Fue ella presa de la presión, víctima de una atmósfera carga de densas nubes que anunciaban oscuros nubarrones.
En la vida contemplativa, aguardaba sereno el príncipe azul, como todo un clavel vernáculo del quehacer prosélito dominicano.
Pero Margarita cayó al suelo deshojada, el ímpetu de los vientos la hicieron presa, y los seis claveles en retoño competían por exhibir su mejor simpatía.
Se retira Margarita sin rencor ni dolor, pero solo quedan los recuerdos de sus visuales colores, en un terreno de cardos y espinas que la impidió crecer en su climax purpúreo.
Hay de la política de la flor deshecha por el viento en el hilvanar del tiempo, cosas de mi jardín morado, sin Margarita, aún no raída por el tiempo.
Y con quejido vano decimos: !Adios Margarita!
Margarita se desplomó con los vientos fuertes que soplaban, sus pétados quedaron al vaivén del tiempo.

Fue ella presa de la presión, víctima de una atmósfera carga de densas nubes que anunciaban oscuros nubarrones.
En la vida contemplativa, aguardaba sereno el príncipe azul, como todo un clavel vernáculo del quehacer prosélito dominicano.
Pero Margarita cayó al suelo deshojada, el ímpetu de los vientos la hicieron presa, y los seis claveles en retoño competían por exhibir su mejor simpatía.
Se retira Margarita sin rencor ni dolor, pero solo quedan los recuerdos de sus visuales colores, en un terreno de cardos y espinas que la impidió crecer en su climax purpúreo.
Hay de la política de la flor deshecha por el viento en el hilvanar del tiempo, cosas de mi jardín morado, sin Margarita, aún no raída por el tiempo.
Y con quejido vano decimos: !Adios Margarita!

