EDITORIAL
Irritante a la conciencia es presenciar el triste espectáculo del afán de dinero de muchos servidores públicos, que a pesar de tener altos sueldos, insisten en lucrarse aún más a expensa de la maltrecha economía dominicana.
Inverosimil es lo que se vive en nuestro país, porque no son ahora los funcionarios de la Administración Pública los que perciben salarios de lujo, sino que legisladores se han inscrito en esa corriente, y como para colmo de las ambiciones, ahora los regidores trillan el mismo camino.
La sociedad dominicana ha perdido de vista la razón y el buen juicio de sus conciudadanos, se ha olvidado el preciado concepto de servir antes que servirse, de dar antes que buscar. Todo es el afán de lucro.
Estamos viviendo episodios donde prima el interés particular y no el beneficio social. Lo peor, es que esa mala práctica se proyecta como "normal", donde los esquemas de moralidad y honestidad han quedado atrás; en eso no hay excusas para la clase política nacional, que se ha convertido en "trapo de inmundicia".
Dios, en su omnisciencia, tendrá que castigar a los malvados, tarde o temprano, según establecen sus decretos, que son inmutables.

